Compostela

Ciudad, tus ojos de ayer
fueron el espejo roto
donde pude mirarme,
te consagro hoy una oraciòn eterna.
Por las rejas forjadas y en los yunques,
con caños de plata y cruces negras,
en cada losa prohibìda,
en el brazo amigo,
en el encanto que brilla y se proclama.
Volver a Compostela desde dentro
con la forma de la palabra rezumando,
volver hacia le silencio del granito
cuando la vida es verdad y nunca llega.
Todo lo que duerme en la nostalgia
es armonìa del fuego en homenaje,
un retorno a la quebrada que nos cierra,
que nos lleva y se revuelve en la memoria.
Poco a mudado,
nada cambia
el ritmo de la sombra debajo de las torres,
Santiago es un rostro sonriendo
en la màgica bòveda de las estrellas.
Del libro Madeira de mi canto de Luis G. Tosar (Buenos Aires, 1952)
www.disemdi.com, revista digital donde colaboro, buscarme como terremoto
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